El Dr. Sicilia nos cuenta en LNE cómo evitar complicaciones con los implantes dentales (I)

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    Complicaciones de los implantes dentales

    La Nueva España ha publicado un nuevo artículo del Dr. Alberto Sicilia en el suplemento de salud, en el que nos habla sobre cómo evitar complicaciones con los tratamientos de implantes dentales.

    El artículo, a continuación:


    Los implantes dentales son la mejor opción cuando queremos solucionar la ausencia de uno o varios dientes, y son la única modalidad de tratamiento restaurador que no sobrecarga a los dientes naturales remanentes.

    Realmente, representan una segunda oportunidad, y para tener éxito al aplicarlos, tanto dentistas como pacientes deben de tener en cuenta que la causa subyacente de la pérdida dentaria podrá afectar igualmente a los futuros implantes, y ser a su vez la fuente de nuevos problemas.

    El primer paso para una implantología segura debe ser controlar la inflamación bucal y cumplir la máxima: “en encías enfermas no entran implantes”. Es importante pues un diagnóstico y un tratamiento de la enfermedad periodontal preexistente.

    Hoy sabemos que una inflamación gingival debido a una higiene oral deficitaria multiplicó por 8 el riesgo de complicaciones infecciosas en los implantes, y que fumar más de 10 cigarrillos por día representa un riesgo dos leves mayor. Por tanto, nuestros candidatos ideales serán pacientes con encías sanas o con su enfermedad periodontal controlada, no fumadores -o capaces de controlar el hábito tabáquico- y con disposición a establecer una buena higiene oral.

    La segunda etapa es la colocación del implante y conseguir su osteointegración. El porcentaje de éxito estará en relación con la realización de un diagnóstico preparatorio minucioso, con la precisión del cirujano y, sobre todo, con las características del paciente. Y he utilizado el término “caracterísiticas”, que es muy ambiguo, con toda la intención, pues pretende abarcar desde la cantidad y calidad de su hueso maxilar y su encía, su comportamiento durante el tratamiento, su percepción del mismo y su colaboración con las medidas postoperatorias, hasta su capacidad intrínseca de curación. Como ustedes comprenderán, queridos lectores, estando involucrado en el campo de la cirugía implantológica desde 1988, me ha dado tiempo a ver de todo. Y si bien podría decir que la gran mayoría de los pacientes evolucionaron bien o muy bien, y su comportamiento medio fue de notable alto, también me he encontrado con excepciones sorprendentes. Teniendo todo esto en cuenta, el porcentaje de fracaso precoz de un implante puede oscilar entre el 1 y el 8%, y suele estar en relación con una mala curación, una infección del implante a partir de las bacterias presentes en la boca, un lecho óseo de calidad límite o la ampliación por parte del paciente de fuerzas excesivas de forma prematura. Cuando se juntan un buen dentista y un buen paciente, ese porcentaje de fallos se acerca más al 1%.

    Pero hay otros factores, además de los descritos, que definen a un buen paciente: como su capacidad de apertura bucal, su colaboración evitando movimientos bruscos durante la intervención, su cumplimiento de las instrucciones postoperatorias o su apertura de mente y exoticidad para sobrellevar pequeñas desviaciones del “ideal esperado”.

    Definitivamente cada paciente es un mundo y esto es algo que aprendí muy temprano en mi profesión, pero no como dentista, sino como médico. En los años 80, mientras estudiaba la especialidad de Estomatología, trabajé como médico de urgencias en Sama de Langreo, haciendo guardias nocturnas, de 5 de la tarde a.8 de la mañana, y una misma noche atendí a dos pacientes consecutivos que me enseñaron esa lección. La primera parte me la impartieron a las 6 de la mañana, cuando me tuve que desplazar, dejando el ambulatorio sin médico, a un caserío en la montaña para atender a un enfermo que “no se podía mover de la cama”. El “enfermo” en cuestión resultó ser un hombre joven, fuerte como un toro, que tenía una amigdalitis y una fiebre de treinta y siete grados y medio, y que me miraba, con pecho de lobo, envuelto cómodamente en sábanas de leopardo.

    Volví al ambulatorio disgustado, con cierta sensación de “tomadura de pelo” a las ocho y cuarto, y la guardia acababa a las ocho, y tenía en la puerta a una anciana rogando ser atendida en Urgencias, que sería la encargada de enseñarme la segunda parte de la lección. Tenía 85 años, un brazo roto, había venido sola andando y pedía amablemente por favor ser atendida… ¡Y se disculpaba por acudir fuera de hora” Pues bien, la Odontología no es en ese esencialmente distinta de la Medicina, y hay pacientes alfa y omega capaces de influir positiva o negativamente en nuestros tratamientos, aspecto que debemos tener en cuenta para prevenir los fracasos precoces en implantes dentales, y hacerles ver que son parte del éxito y del fracaso y que comparten nuestra responsabilidad.

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